Alto la fama pregona mil gloriosas tradiciones, la opulencia de mi zona, la virtud de mis varones.
Dominaba la España invasora mis extensas y ricas comarcas, repletando insaciable sus arcas con la savia vital de mi flora. El soberbio castillo almenado que en el Puerto Cabello se ostenta fue construido con oro esquilmado a mi zona feraz, opulenta.
A tal punto llegó la crueldad que mi pueblo con voz varonil, en la fecha gloriosa de abril, entusiasta gritó: ‘Libertad¡ Yo no quise acatar la Regencia, y firmé con patriótico empeño aquella Acta en que el pueblo avileño con orgullo exclamó: ¡Independencia!
De Bolívar la fúlgida estrella con denuedo mis hijos siguieron. y mis fueros sagrados hubieron en aquella sangrienta epopeya. Persiguiendo al audaz español, mil guerreros en triunfo llegaron al Perú que también libertaron, donde tuvo sus templos el Sol.
El progreso esplendente fanal, con su mágica luz ilumina la semilla del bien que germina en mi hermoso jardín tropical. Elementos contengo prolijos, honra y prez de mi noble existencia en la paz, en la guerra, en la ciencia ‘porque en todo culminan mis hijos!
Mientras riegue mis valles el río “Yaracuy” que su nombre me ha dado, de la Unión Federal seré Estado y mis pueblos tendrán su albedrío. Y si el hado fatal me obligara de la patria a no izar la bandera, ¡que perezca mi raza altanera cual mi tribu inmortal jirajara!