Cantemos la gloria del triunfo marcial que el pueblo chileno obtuvo en Yungay.
Del rápido Santa pisando la arena, la hueste chilena se avanza a la lid. Ligera la planta, serena la frente, pretende impaciente triunfar o morir.
¡ Oh, patria querida, que vidas tan caras, ahora en tus aras se van a inmolar! Su sangre vertida te da la victoria; su sangre, a tu gloria da un brillo inmortal!
Al hórrido estruendo del bronce terrible, el héroe invencible se lanza a lidiar. Su brazo tremendo confunde al tirano, y el pueblo peruano cantó libertad.
Desciende Nicea, trayendo festiva, tejida en oliva, la palma triunfal. Con ella se vea ceñida la frente del héroe valiente del héroe sin par